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Se ha ido con un malabarista, según he oído, ¿verdad?
 Un músico  le contestó Tuly . El verano pasado.
 Una Fiesta de Nombre  dijo Áureo . Tiempo para algunos juegos, un poco de
música y bailes, muchacho. Diecinueve años. ¡Celébralo!
 Pensaba a ir a la Colina del Este con las mulas de Sul.
 No, no, no. Sul puede arreglárselas solo. Quédate en casa y ten tu fiesta. Has estado
trabajando mucho. Contrataremos una orquesta. ¿Cuál es la mejor del país? ¿Tarry y su
pandilla?
 Padre, no quiero una fiesta  dijo Diamante y se puso de pie, sacudiendo los
músculos como un caballo. Ahora era más grande que Áureo, y cuando se movía
abruptamente era asombroso . Iré a la Colina del Este  dijo, y salió de la habitación.
 ¿De qué va todo esto?  preguntó Áureo a su esposa, una pregunta retórica. Ella lo
miró pero no le dijo nada, la suya no fue una respuesta retórica.
Después de que Áureo saliera de casa, Tuly encontró a su hijo en el escritorio
revisando algunos libros mayores. Observó las páginas. Largas, largas listas de nombres
y números, deudas y créditos, ganancias y pérdidas.
 Di  le dijo, y él levantó la vista. Su rostro aún era redondo y del color de un
melocotón, aunque los huesos eran ahora más pesados y sus ojos melancolía.
 No he querido herir los sentimientos de mi padre  dijo él.
 Si quiere una fiesta, la tendrá  dijo ella. Sus voces eran parecidas, las dos se
encontraban en el registro más alto pero tenían una tonalidad oscura, y se aferraban a un
silencio llano, contenido, controlado. Se sentó en un taburete que estaba junto al alto
escritorio.
 No puedo  dijo él, y se detuvo, luego prosiguió : Realmente no quiero ningún
baile.
 Está tratando de conseguirte pareja  le dijo Tuly, escueta, afectuosa.
 Eso no me interesa.
 Ya sé que no.
 El problema es...
 El problema es la música  dijo su madre finalmente. El asintió con la cabeza . Hijo
mío, no hay razón alguna  continuó ella, de repente apasionada . ¡No hay razón alguna
por la cual debas renunciar a lo que quieres!
Él le tomó la mano y se la besó. Estaban sentados juntos.
 Las cosas no se mezclan  dijo él . Deberían, pero no lo hacen. Ya me he dado
cuenta de eso. Cuando abandoné al mago. Creía que podía hacerlo todo. Ya sabes,
magia, tocar música, ser el hijo de mi padre, amar a Rosa... Pero las cosas no funcionan
así. Las cosas no se mezclan.
 Sí se mezclan, claro que sí  le dijo Tuly . ¡Todo está vinculado, entrelazado!
 Tal vez lo está, para las mujeres. Pero yo... no puedo duplicar mi corazón.
 ¿Duplicar tu corazón? ¿Tú? Renunciaste a la magia porque sabías que si no lo
hacías, la traicionarías.
Estas palabras le causaron una evidente impresión, pero no lo negó.
 Pero ¿por qué  le preguntó ella , por qué renunciaste a la música?
 Tengo que tener un solo corazón. No puedo tocar el arpa mientras estoy negociando
con un criador de mulas. ¡No puedo hacer baladas mientras estoy dilucidando cuánto
tenemos que pagarles a los recolectores para impedir que los contrate Bajarrama!  En
ese momento su voz tembló un poco, un vibrato, y sus ojos ya no estaban tristes, sino
furiosos.
 Así que has obrado un hechizo sobre ti mismo  le dijo ella , al igual que aquel
mago obró uno sobre ti. Un hechizo para mantenerte a salvo. Para mantenerte cerca de
los criadores de mulas, y de los recolectores de nueces, y de todos ésos.  Golpeó el
libro mayor lleno de listas de nombres y números, un leve golpe seco y despreciativo.
Un hechizo de silencio  le dijo.
Después de una larga pausa, el muchacho le preguntó:  ¿Qué otra cosa puedo
hacer?
 No lo sé, cariño mío. Claro que quiero que estés a salvo. Claro que quiero ver a tu
padre feliz y orgulloso de ti. Pero no puedo soportar verte infeliz a ti, ¡sin orgullo! No lo sé.
Tal vez tengas razón. Tal vez para un hombre haya una sola cosa en la vida. Pero echo
de menos oírte cantar.
Dijo aquello último con lágrimas en los ojos. Se abrazaron, y ella acarició sus espesos y
brillantes cabellos y se disculpó por haber sido cruel. Él volvió a abrazarla diciéndole que
era la madre más buena del mundo, y luego ella se fue. Pero cuando se estaba retirando
del salón se dio la vuelta un momento y le dijo:  Deja que tenga su fiesta, Di. Déjate a ti
mismo tenerla.
 Lo haré  le contestó él, para consolarla.
Áureo consiguió la cerveza y la comida, y hasta fuegos artificiales, pero Diamante se
ocupó de contratar a los músicos.
 Por supuesto que traeré a mi orquesta  le dijo Tarry , ¡no me lo perdería por nada
del mundo! Tendrás a todos los músicos del oeste del mundo aquí para una de las fiestas
de tu padre.
 Puedes decirles que la tuya es la orquesta a la que van a pagarle.
 Oh, vendrán por la gloria  dijo el arpista, un tipo de cuarenta años, delgado, de cara
alargada y ojos incoloros . Entonces ¿tal vez toques algo con nosotros? A ti se te daba
muy bien, antes de que te dedicaras a hacer dinero. Y tu voz tampoco estaba nada mal, si
hubieses trabajado con ella.
 Lo dudo  le contestó Diamante.
 Aquella muchacha que te gustaba, la hija de la bruja, Rosa, he oído que está por ahí
con Labby. Estoy seguro de que vendrán.
 Hasta el día de la fiesta  dijo Diamante, corpulento, apuesto e indiferente, y se fue.
 Demasiado importante y poderoso estos días como para detenerse a conversar 
dijo Tarry , aunque fui yo quien le enseñó todo lo que sabe hacer con el arpa. Pero ¿qué
significa eso para un hombre rico?
La malicia de Tarry había dejado los nervios de Diamante a flor de piel, y la idea de la
fiesta le pesaba tanto que perdió el apetito. Pensó esperanzado durante un tiempo que
estaba enfermo y que podría entonces perderse la fiesta. Pero llegó el día, y él estaba allí.
No tan manifiesto, tan eminente, tan deslumbrante como su padre, sino presente,
sonriendo, bailando. Todos los amigos de su infancia estaban allí también, la mitad de
ellos ya casados con la otra mitad, según parecía, pero todavía había mucho flirteo por
aquí y por allá, y varias muchachas hermosas estaban siempre revoloteando cerca de él.
Bebió una buena cantidad de la excelente cerveza de la Cervecera Gadge, y descubrió
que podía soportar la música si bailaba siguiendo el compás y hablaba y se reía mientras
bailaba. Y así fue como bailó con todas las muchachas hermosas, una tras otra, y luego
otra vez con cualquiera que volviera a aparecer, lo cual todas hicieron.
Era la fiesta más grandiosa que Áureo jamás había dado, con una pista de baile
construida sobre los jardines del pueblo, junto al camino de la casa de Áureo, y había una
carpa para que los más viejos comieran y bebieran y cotillearan en ella, y ropas nuevas
para los niños, y malabaristas y titiriteros, algunos de ellos que habían sido contratados y
otros que simplemente se habían acercado para ver qué podían recoger en calderillas y
cerveza gratis. Cualquier festividad atraía a artistas ambulantes y músicos; así se
ganaban la vida, y a pesar de no haber sido invitados, eran bienvenidos. Un cantor de
cuentos con una voz y una gaita bastante monótonas estaba cantando La Gesta del
Señor de los Dragones ante un grupo de personas debajo del gran roble que se encuentra [ Pobierz caÅ‚ość w formacie PDF ]
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